miércoles, 4 de octubre de 2017

Canción para volver

Hoy
vengo a despedirme sola frente a ti.
no tengo palabras, no sé qué decir,
lo siento, yo no pude,
quizás en otra vida;
palabras que pudiera usar a mi favor.

Estoy
con frío sintiendo el calor de tus manos.
Nuestra distancia empieza en este abrazo,
me aferro, yo no te quiero soltar.

Olvídame,
se me queda el corazón echo pedazos.
Es el precio por tu recuerdo a mi lado.
Ya no insistas,
que quedarse no es volver.

Espérame,
las palabras que quisiera yo decirte,
por si un día tu te acuerdas sonríes,
seré yo,
que estaré pensando en tí.

Sé,
que el tiempo amigo no es de las promesas.
También que el miedo y la pena no dan tregua,
me queda sólo un deseo al final.

Volver,
mirarte a los ojos y saber qué piensas.
Perderme en tu risa hasta que amanezca,
Escribir una historia nueva junto a ti.

Olvídame,
se me queda el corazón echo pedazos.
Es el precio por tu recuerdo a mi lado.
Ya no insistas,
que quedarse no es volver.

Espérame,
las palabras que quisiera yo decirte,
por si un día tu te acuerdas sonríes,
seré yo,
que estaré pensando en tí.


Con mucho cariño para Felipe. 





No voy a pedirte. (Cartita abierta entre nosotros)

Hay quienes tienen un grado superior de locura que les permite ver lo que otros no, que interpretan miradas y sonrisas, que decodifican parpadeos.
Hay quienes no se enteran, ni aunque se los pongas en cartel o les llores delante.
Hay quienes lo ven, pero no se atreven, y miran hacia otro lado, tratando de olvidar, o mirando desde lejos, cómo pasa la vida que quieren para ellos mismos.

Y tú?... quién eres?

Posiblemente ya lo sepas... y aún más factible, el que yo también. Porque ya sabes que me entero de todo siempre, incluso antes que tú mismo... antes que te des cuenta siquiera.
Porque cuando mi compás va en 6/8, el el tuyo en 1/2... esperarnos no es una opción.

Pero está bien. ¿Por qué no lo estaría? Nunca hicimos promesas de nada. O se cumplen, o se rompen... pero contigo siempre hay una tercera opción: la incertidumbre de tu silencio.

Sin embargo (aquí ya sabes que viene el quiebre), no voy a pedirte nada.
No voy a pedirte que seas diferente, ni que me pongas atención, ni que me escuches, entiendas, mires, quieras.
No voy a pedirte que reconozcas que la redención está a una sonrisa de distancia, y menos voy a pedirte que esa sonrisa sea dirigida a mí.
No voy a pedir, porque en el pedir sí habrá una engañada: yo, y ya basta de mentirme sola.
No voy a pedir ni la piedad de tu recuerdo, porque aún así, estaría pidiendo demasiado.