Le pasó a Neruda,
Una chascona lo enamoró.
Amor enmarañado, confundente, protector.
Un abrazo que transciende pieles, que llega al alma, que calienta los pies.
El refugio perenne para un cuerpo cansado de tanto andar por caminos traicioneros que roban sonrisas a quienes deseen transitarlos.
Pero nadie se queda por siempre en los refugios, y la Chascona quedó en los recuerdos. Con el pálpito roto, la carita mojada, haciendo promesas de no volver a amar.
Todo aquel que te busca, termina llegando aquí, porque en mí, no puedes esconderte, no puedes lo de siempre, sólo vale cuando no me ves.
Pero ya no me ves.
Todo lo que el mar lleve,
La luna lo devuelva
Mareas, óiganme.
No me olviden.
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